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sábado, 9 de enero de 2016

Química ambiental II (Efecto invernadero)

La acumulación de CO2 en la atmósfera, como consecuencia de la combustión del carbón, el gas natural y los derivados del petróleo, ejerce una gran influencia sobre el clima de la Tierra, junto con otros gases, como el vapor de agua, el metano, CH4, y los óxidos de nitrógeno, todos ellos llamados gases de invernadero.

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El efecto invernadero consiste en el aumento de la temperatura de la superficie terrestre como consecuencia de la creciente acumulación de los citados gases en la atmósfera.

Para comprender este efecto hay que tener en cuenta que alrededor del 30% de la energía que el Sol envía a la Tierra es reflejado por las nubes y por la superficie terrestre; el 70% restante es absorbido. Esta energía es emitida después por la atmósfera y por la superficie de la Tierra en forma de radiaciones, cuya mayor parte es aprisionada por las nubes y por los gases de invernadero y devuelta a la Tierra. El resultado es que la superficie de nuestro planeta se calienta.


Las consecuencias pueden llegar a ser muy serias: la disminución de la producción agraria y la elevación del nivel del mar debido a la fusión del hielo en los casquetes polares y en otras zonas, lo que podría llegar a provocar la inundación de extensas zonas costeras.

Química ambiental I (La lluvia ácida)

El dióxido de azufre y, en menor proporción, los óxidos de nitrógeno son los responsables de ese conocido fenómeno denominado lluvia ácida. Consiste en que estos gases, presentes en la atmósfera, son arrastrados por el agua de la lluvia, que se convierte así en una disolución suficientemente ácida como para provocar importantes trastornos ambientales.

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El SO2 es oxidado a SO3 en la atmósfera mediante distintos mecanismos, y tanto uno como otro, con el agua de lluvia, se transforman en sus correspondientes ácidos, H2SO3 y H2SO4.

La lluvia ácida destruye la vegetación y daña seriamente los cultivos y la fauna de vida acuática; por otra parte, produce un gran deterioro en las construcciones y en los monumentos por corrosión de la piedra.

El aumento actual de la concentración de SO2 en la atmósfera es debido al exceso de emisiones de este gas como consecuencia de las erupciones volcánicas, la combustión de los sulfuros metálicos para la obtención de metales y, especialmente, el gran consumo de combustibles fósiles en la industria, en las centrales termoeléctricas, en los automóviles y en los hogares.